
Es especial cualquier día que se vive rodeado de gente querida. Así fue. Los nervios se los llevaron las olas y me dejaron su sal en la sonrisa de quienes me acompañaron.
El mar me devolvió vuestros nombres, el de cada uno de los que venís aquí a bañaros en mis letras y allí sentada, sirena serena, os recordé.
El silencio de mis versos se hizo canto en las voces de
Enrique, Paco y Antonio, mi padre que, feliz, me hizo este regalo:
EL MAR DE POSEIDÓN Nereida que en la playa estás varada
y escribes tus poemas en la arena
oigo tu voz, tu canto de sirena,
dulce rumor en forma de balada.
...Despunta el día y veo en su alborada
a Poseidón y un mar de hierbabuena,
orgulloso de ser tu fiel mecenas
velándote la obra laureada.
Devuelvo al mar tu voz y me embeleso,
medito mi tarea ya conclusa
y siento el amor que te profeso;
quiero llorar, mi mente tan confusa
te escribe este soneto con mi beso;
eres mito y mujer, poetisa y musa.
Antonio Mª García Castillo
Atlántico y Mediterráneo fueron uno, cuando las olas de la distancia se rompieron en las palabras de mi hermano. (¡Sentí tu carcajada en mi oído!):
SIRENA
Escrita en la pupila de la roca
reposa una leyenda milenaria.
Metáfora del beso legendaria,
locura de dos cuerpos y una boca.
Mitad mujer-pasión, pezón de moca.
Mitad cola de pez, tan literaria.
Rey Midas que, de noche, solitaria,
convierte en verso y alga lo que toca.
Buceas la memoria de Melilla
de luna llena en luna enamorada
buscando el verbo amar y su pronombre.
Oráculo de sal, rocío en la orilla,
canción en San Lorenzo abandonada,
susúrrame las voces de tu nombre.
José Mª García Linares
Me hipnotizó la Belleza de Salva con su guitarra eléctrica. Fiel a la tradición: poesía y música. No podía faltar la danza, como en su origen, y ésta llegó en un mar de vino homérico.


MUCHAS GRACIAS A TODOS.