
Sé que te duele la mano
de tanto estirar
cuando la atrapan mi sueños
y cruza los abismos
tropezando con las rocas,
dejando por cada arista
el goteo sangriento
que lameré en tu abandono
para volver a encontrarte.
Mano desgajada,
miguitas de cuento hambrientas.
Lo sé, pero sonrío
a la laxitud de tu carne
y me aferro a los tendones licuados,
al jirón de piel etérea
estirada a mis dominios,
suave,
débil,
dolorida.
Dedos navegantes,
polizones del deseo.
Devoro la sutilidad de la caricia,
tu suplicio dilatado,
la condena sugerente
de rasgar tu mano entera
desvanecida en mi boca.
de tanto estirar
cuando la atrapan mi sueños
y cruza los abismos
tropezando con las rocas,
dejando por cada arista
el goteo sangriento
que lameré en tu abandono
para volver a encontrarte.
Mano desgajada,
miguitas de cuento hambrientas.
Lo sé, pero sonrío
a la laxitud de tu carne
y me aferro a los tendones licuados,
al jirón de piel etérea
estirada a mis dominios,
suave,
débil,
dolorida.
Dedos navegantes,
polizones del deseo.
Devoro la sutilidad de la caricia,
tu suplicio dilatado,
la condena sugerente
de rasgar tu mano entera
desvanecida en mi boca.
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